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| Inmaculada Concepción, Ribera, 1635. |
¿Habrá sido ese, Inmaculada de Ribera, el secreto visionario que con tanta decepción seguías presionando contra tu pecho?
Entre el logos y el mito. Entre la razón a medias y la locura bien saboreada. Entre la Universidad y el Manicomio...Bueno, en esta tierra bendita nos encontramos.
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| Inmaculada Concepción, Ribera, 1635. |
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| La Muerte de Sardanánaplo, Delacroix. |
"Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. Con esta convicción crecimos. El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte." (Roberto Bolaño, Llamadas Telefónicas)
Autorretrato de Francis Bacon (1971)
Anoche no pude dormir. Hoy debo ir a jugar ajedrez. Mañana quizás duerma. No importa. Hoy perderé en el tablero y escribiré mal. Pero no importa.
El insomnio es osadía y castigo a la vez: rompes el ciclo de la vitalidad natural, del darse cada día y repararse cada noche, y te rompes a ti mismo. Es como un designio mítico, órfico: la única manera de conocer el infierno es sufrirlo. La experencia insomne nos plantea, además, la angustia del límite, la fatal insatisfacción del deseo. En ella se presenta la contradicción de la voluntad: mientras mayor sea el deseo de dormir más lejos se estará de concretar el deseo. Por eso el sueño se basa en un olvido de si mismo, en un abandonarse: sólo se vuelve a encontrar en la calidez del sol matutino quien supo perderse en los laberintos nocturnos. Nosotros, los insomnes, estamos cerca del suicidio porque, justamente, también estamos muy cerca,pesadamente cerca de nosotros mismos: nos volvemos una carga para nuestras almas, nos cansamos de algo que depende de no depender de nosotros mismos, del abandono necesario para el sueño.
A primera vista podríamos elaborar la siguiente hipótesis con tal de "estudiar los estudios" del insomnio. Por un lado la facticidad nos impone el límite, la represión al deseo de dormir; por otro, nosotros mismos no somos capaces de limitarnos y seguimos despiertos, muertos en vida. En el fondo, sin embargo, nos damos cuenta que eso que llamamos facticidad -que desde fuera nos determina- no es más que lo que los científicos llamarían sistema nervioso, o aceleración de neurotransmisores, o qué se yo, cosas que no existen en la experiencia. Mientras que la interpretación interiorista del mismo fenómeno, la limitación de nosotros mismos, correspondería a una lectura psicoanalítica. Estamos cruzados por discursos, atravesados por pluralidades de modelos explicativos (cada uno, casi siempre, bastante poco plural con sus pares). En el caso del insomnio estos modelos explicativos son, entre otros, la neurología, el psicoanálisis, los esoterismos astrales y naturistas, la terapéutica poética y la sublimación experiencial . Foucault, siguiendo la línea de Nietzsche, nos enseña que todo es interpretación, con el ulterior problema de que desaparece lo interpretado. Tal vez la angustiosa experiencia del insomnio tenga esa dosis de autenticidad pre-discursiva, una confrontarse desnudo con el límite de la existencia, de ahí su desolación y angustia. Quizás sólo la angustia puede ser siempre lo interpretado, puede tener ese halo de verdad: la angustia ante la muerte y ante la tortura del seguir viviendo, la angustia ante el insomnio y la angustia que es el insomnio mismo.
El peso de la existencia, la sed de ánimo, los ojos rojizos, el sudor de la entrepierna, la vena palpitando en la sien contra la burlesca almohada, la psicosis imaginativa, el pecho vomitando contraídas arcadas...todo hace pensar que tenemos un demonio insomne dentro nuestro, un demonio que nos hace un amasijo de carne y espíritu. El límite, el doloroso desfase entre el sujeto y la realidad que aloja dentro de su propia subjetividad, nos trae a la memoria la desconcertante frase que Freud acuña para referirse a la pérdida de autonomía y primacía del inconsciente: "el hombre descubrió que ya no era amo ni en su propia casa".
Y acabamos de utilizar a Freud como un consuelo, como un mero instrumento de sublimación que embellece el dolor en esos instantes en que la vida transita a paso lento, a paso de muerte, insomne, como mis dedos y palabras en este día.


Gardel cantaba:"Todo es mentira, mentiras y lamentos". Supuestamente la ideología es eso. Mentiras y lamentos. Pero es una serie de articuladas mentiras que tienen la finalidad de acallar un inmenso lamento. Gracias a la ilusión de creer en la veracidad de una mentira, se pasa a creer en la veracidad de la vida. Es un acomodo -prismático- de lo real. Donde el prisma, y la mentira no se ven.
El mito, por su parte, es una subjetivación de lo real. El tango sigue así: ".../hoy está solo mi corazón". En el mito el corazón está y no está solo, pues el corazón es todo el kosmos: la unión de todos los corazones de los hombres en torno a una visión de sentido total, unificante y homogenizadora, un gran corazón.
El arte representa otra forma de distorsión de lo real: la temporalidad y espacialidad dentro de éste no se ciñen bajo los mismos criterios conceptuales que el tiempo cronológico ni el espacio físico de nuestra cotidianeidad. El marco estructural del arte es una realidad caleidoscópica, mutable, inasible, inconstante, heterogénea y, por ende, irreal.
Siempre distorsionamos. Incluso más. Es imposible distinguir tan claramente lo ficticio y lo real. No hay una línea dibujada en la arena del mar que designe el terreno donde de un lado debe cabalgar el Quijote y del otro lado caigan las gaviotas muertas tal cual como las manzanitas de Newton. Por consiguiente, una vez que asumimos esto (o sea, que la noiesis perceptiva no está férreamente separada de la poiesis constructiva) no se debe aseverar la tesis que da cuenta del desarrollo originario de esta edificación del mundo de manera simplista y diacrónica. El error de este diacronismo es que presupone la existencia de uno de los dos polos antes que el otro. Acepta que hay dos dimensiones: la empírica de lo real y la estética de lo ficticio-psicológico; pero piensa que uno, cualquiera sea, nace del otro. Ciertamente eso nunca lo sabremos. No sabremos si esa ficción del arte se funda en la distorsión de aquella realidad que le precede: como se tiende a pensar ingenuamente que el artista es un manipulador de una realidad en la cual ya está inserto, llegando a transformarla en otra cosa. O bien si es al revés: que lo que llamamos realidad se constituye a partir de un proceso de exteriorización de algún psicologismo-ficticio que se va encarnando materialmente en la tangibilidad de las cosas reales (o como dijeron por ahí: la realidad es una ficción de lo concreto que, en vez de la literatura que trabaja sobre la abstracción de palabras, se funda en la mayor intensidad que otorga lo material sin dejar de ser ficción).
¿Cómo analizar esta problemática sin caer en un radical soplipsismo u, opuestamente, en un realismo empirista? ¿No hallan facilista señalar que el mero proceso dialéctico es el sistema detrás de todo esto? Si es verdad que nos constituimos en-y-con-el-mundo (Heidegger), las nociones antagónicas de sujeto y objeto parecen ser más difusas aún y, por ende, la existencia de lo ficticio y lo real podría no ser más que el movimiento oscilante de un péndulo entre aquellos dos puntos, el sujeto y los objetos. Oscilación en la cual, paradójicamente, nunca se sabrá qué es el movimiento, ni dónde empieza uno como sujeto para pasar a eso otro como objeto.

Edvard Munch: «Atardecer en el Paseo Karl Johan» (1892)
Las Pléyades.![]() |
| "Las manos de la ternura". Colección la Edad de la Ira. |
