sábado, 22 de enero de 2022

Gabinete: "consolidar para avanzar"



No nos sorprendamos. Las fuerzas antifascistas que derrotaron a Kast nunca fueron fuerzas antineoliberales. Boric no porta la Revolución, sino la esperanza de transformaciones estructurales. Con él, más importante que "su" programa inmediato, lo relevante es la potencia del proyecto que robustece: junto al arduo e innovador trabajo de la Convención Constitucional, por un lado, y al apoyo de organizaciones y movilizaciones populares (seguramente, después de medio siglo, tendremos un gobierno susceptible de ser defendido en la calle), por otro, el gobierno de Boric tendrá por misión sentar las condiciones de posibilidad de un cambio de rumbo. Esto significa, la paulatina desmercantilzación de los derechos sociales (cuyos efectos a corregir han generado: la precariedad del sistema de salud;  la reproducción epistémica y desigualdad social de una educación gestional y estandarizada; el abuso desvergonzado de AFP con sus millonarias utilidades) y la consolidación de un modo de concebir las relaciones sociales bajo una perspectiva feminista e intercultural que vaya mucho más allá de la paridad, para, por ejemplo, abordar asuntos como la crisis ambiental desde un prisma ecofeminista y basado en el "buen vivir" y armonía con la naturaleza.

Ahora bien, los primeros pasos de este gobierno evidencian tanto la diversidad como la pugna que existe al interior del mismo. El gabinete recoge, así, figuras provenientes de distintos sectores políticos que van desde el sector de la ex-Concertación hasta el PC y algunos independientes. Obviamente Boric busca alianzas con el PS para tenerlos de su lado en un Parlamento poco favorable. Menos obvio -pero más ingenuo- es valorar la presencia del PS como un gesto de invitación: llamarlos, a través de su inclusión en un gobierno transformador, a remontarse a sus propios orígenes, cuando el PS fue, hasta entrado los 70, un partido de izquierda. En todo caso, hoy figuras como Carlos Montes (Vivienda) o Mario Marcel (Hacienda), muy poco recuerdos deben guardar del Congreso de Chillán, por decir algo.

Desde siempre supimos que para derrotar al fascismo había que construir un gran frente. Lo hicimos. Ahora será tiempo de desplegar un diálogo radical en dos frentes: al interior de un gobierno en pugna, poroso en su configuración partidista, pero también en sus ideales ciudadanos y en sus iniciativas para favorecer la participación popular (aunque, por lo mismo, también dispuesto a llegar a acuerdos donde la institucionalidad no suprima o conjure la conflictividad y el movimiento de la vida popular); y al exterior de éste, es decir, en las calles, donde el adversario, esa derecha empresarial-patronal que, durante los últimos 40 años, ha visto multiplicadas sus ganancias en función a la acentuación de sus privilegios, irá utilizando gradualmente todos los medios que tenga a su alcance para evitar cederlos (copamiento de los medios de información de masas, creación de medios digitales, proliferación de bots algorítmicos, campañas del terror a nivel económico, securitario y xenófobo, instalación de fake news y acusaciones de populismo y corrupción, bloqueos financieros y bloqueos productivos, todo con miras a provocar golpes blandos o "legales", etc.). Sin duda, ahora se viene a lo que vinimos: seguir dando la lucha.

En suma, si buscamos resumir la conformación del gabinete, más allá del programa para vincularlo con el proyecto que esta etapa continúa abriendo, bien podríamos usar una frase emblemática de los años de la UP: "consolidar para avanzar" ( y no "avanzar sin transar"). Esperemos que ese avance sí pueda representar los primeros pasos de una verdadera transición. Pero, ¿de una transición hacia dónde? Hacia donde ya no sea necesario transar.

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